martes, 9 de diciembre de 2014

El hijo de un pueblo que pasó a ser leyenda

Por: Perla Antonela Fernández   Legajo: 24952/6

Las calles de Brandsen, ya no son lo mismo desde aquel triste 15 de abril de 2012 cuando en un trágico accidente, el dueño de los espacios públicos y testigo de las esquinas Luis “Vasco Chicho” Molina, dejó para siempre el pueblo que lo vio nacer.
Un vehículo Ford Mondeo que se dirigía en dirección San Miguel del Monte- Brandsen, fue quien atropelló al Vasco poniéndole un punto final a su vida.


Testigos afirman que el vasco cruzaba la ruta 215, después de la curva y a metros del puente Samborombón chico cuando fue embestido por el automóvil y cayó al pasto a metros del camino.
Héctor un vecino de la zona del accidente, dos años después aún recuerda ese momento: “estaba en casa, escuché una explosión muy fuerte como si fuera el choque de dos vehículos y enseguida llamé a la ambulancia para que viniesen. Cuando llegué al lugar, el Vasco estaba tirado y ya no daba señales de vida. La explosión fue impresionante, no parecía que fuera de un auto contra una persona”.
Cuando la ambulancia del Hospital Municipal, Bomberos Voluntarios y la policía local  llegaron al lugar, Luis había fallecido.

La  causa quedó catalogada bajo la carátula de homicidio culposo y los ocupantes del auto, David Arizmendi de 29 años de edad, su pareja, otra pareja amiga y un menor  resultaron ilesos.
El 16 de abril Brandsen se vistió de luto, una multitud de personas se acercaron a la sala velatoria “Sepelios Pourtau” para darle el último adiós a este particular vecino entre lágrimas, anécdotas y aplausos que marcaron el final de la vida del Vasco pero también abrieron camino a que la historia del querido personaje permanezca viva en el corazón del pueblo.


Molina, tenía capacidades especiales y un escaso sentido de la orientación, pero su humildad y honradez era lo que despertaba el cariño en todos los brandseños. La vida del Vasco estaba en las calles, era parte del paisaje del centro de la ciudad, todos los vecinos aún recuerdan verlo caminar a un paso rápido por el centro con su pelo corto, grandes orejas, arrugas en su rostro y sus vestimentas variaban según donde fuera, si solo era uno de sus paseos diarios se conformaba de  gastada ropa deportiva, viejos zapatos de vestir  y su boina vasca, en cambio para asistir a eventos públicos el atuendo era distinto, camisa, jean o pantalón de grafa, zapatillas deportivas y un pullover sobre los hombros. Toda su ropa era donada por gente del pueblo que siempre estaba dispuesta a brindarle ayuda.
Su familia estaba conformada por sus dos hermanas, Hilda Mabel y Juana con las cuales no tenía trato asiduo y su hermano Horacio que también acostumbra a deambular en las calles del pueblo aunque nunca se los vio pasear juntos. Cada uno tenía su zona para circular.

Él prefería el centro, la plaza, iglesia, municipalidad y su hermano la terminal de ómnibus donde se queda a dormir y toma algún café con el boletero de la empresa “El Rápido Argentino” además de conversar, a pesar de la dificultad en el  habla y compartir algún sándwich o gaseosa con los choferes de los micros.
El Vasco en sus paseos, era saludado por quien se lo cruzara y él respondía gritando “Vasco, vasco” o cantando números ya que estaba acostumbrado a asistir a los remates feria y a quien le preguntaba: “¿Qué estás haciendo Vasco?” él respondía “vendiendo vacas”.
Al llegar la hora del almuerzo  iba a comer adonde lo invitaran, a veces concurría al club de los abuelos o a la casa de su amiga y vecina del pueblo Josefina Berteri, quien recuerda que el Vasco siempre que iba a comer a su casa llevaba bajo su brazo la bolsita con el pan, porque siempre le gustaba llevar algo para compartir en la mesa y que no solo el dueño de casa pagara la comida.
Muchas veces al pasar por las parrillas, los dueños de los locales lo llamaban “Vasco, Vasco”, y el tímidamente se acercaba para recibir algún choripan que le regalaban, y a modo de agradecimiento se quedaba en el lugar ocupando un lugar en alguna de las mesas disponibles hasta que terminaba de comer. Igualmente, más allá de que tenía qué comer, era muy común ver al Vasco agachado revolviendo en la basura del Full Bar buscando alguna hamburguesa, que  para él resultaba gratificante el hecho de encontrarla y luego la saborearla con orgullo sentado cercano a la basura revuelta.
El alcohol y los cigarrillos eran  parte de la vida del Vasco, siempre esperaba a que alguien tirara una colilla para ir inmediatamente a buscarla y fumar ese resto o sino directamente si era conocida la persona que fumaba se acercaba, le tocaba el hombro y le hacía seña para que le convidara con un cigarrillo y le prestara un encendedor, luego de esto se alejaba siguiendo su rumbo.
El bar del club el Indio, era el lugar por excelencia donde concurría por las tardes, los jugadores de truco lo llamaban a los gritos: “Vasco, Vasco”, y él se sentaba en la mesa junto a la ventana que parecía ser su favorita porque le permitía poder apreciar el paisaje de quienes iban y venían por la calle.  El mozo se acercaba y le alcanzaba el vaso de vino tinto que siempre solía degustar. El alcohol lo ponía melancólico por eso muchas personas recuerdan haberlo visto llorando en estado de ebriedad.
Su casa era muy precaria y vieja ya que pertenecía a sus padres, se encontraba en el barrio “Las Mandarinas”, el techo se llovía y el gobierno municipal decidió arreglarle las goteras, igualmente el sólo iba a dormir allí porque pasaba todo el día caminando por las calles de la ciudad.
Supo trabajar en changas, por la tarde barría la vereda de la librería san Martín, ubicada en calle mitre para conseguir como remuneración un peso, otras veces bajaba bolsas de maíz de los camiones en la forrajería “El encuentro” sobre la avenida Uruguay y calle Alberti.
Además se iba  a la localidad vecina de Udaondo para trabajar como peón de campo y acompañar a los organizadores de los remates feria de la casa “Pedro Noel Irey” con quienes compartió vacaciones y hasta fue al hotel Sheraton.
Uno de los tantos aspectos para resaltar del Vasco es que jamás delinquió siempre buscó la manera de ganarse el dinero dignamente.
Los pueblos más cercanos a Brandsen no eran limites para el Vasco, siempre asistía a todos los actos que organizaba allí la municipalidad, los vecinos y organizadores cuentan que  era el primero en llegar cuando ni siquiera se habían armado los escenarios, nadie se explicaba cómo se enteraba de que se iban a realizar los eventos, porque era analfabeto.

Él siempre daba su opinión respecto a lo que sucedía en el evento y sobre todo si había poco público enseguida se escuchaba al Vasco gritar “Poca Gente”, mientras caminaba siempre  con sus brazos atrás junto a las autoridades.

Sus frases: “No hay cabeza”,  “A veces pienso” y “Poca gente” son parte de la cultura de los brandseños y  del imaginario colectivo del pueblo, a punto tal que es común escuchar a cualquier vecino mencionar: “Como decía el Vasco Molina…”
Las distancias siempre las recorría a pie, tanto para trabajar como en sus paseos, ese ser aventurero fue el que lo llevó el sábado 3 de febrero de 2012 a  un baile popular que se realizaba en la ciudad de Jeppener, a la salida del mismo decidió tomar un micro con la fija idea de llegar nuevamente a Brandsen pero se durmió en el viaje y el destino fue otro.
El domingo 4 de febrero, la gente notó que faltaba el Vasco y al enterarse que tomó el micro después de la fiesta, todos imaginaron que se había perdido y así se inició la búsqueda, la comisaría local se comunicó al instante con todas las dependencias de la región a fin de facilitarles datos y fotos, además de  alertar a todas las seccionales de la provincia y las fuerzas policiales del interior del país.
Las primeras pistas del paradero se trataban de que podía estar deambulando en la zona sur del conurbano bonaerense cerca de la  localidad de Burzaco pero la alerta fue falsa.
La búsqueda fue emprendida por todos los vecinos, desde las redes sociales se compartía la foto ya que al ser un vecino tan querido por todos causó conmoción el hecho de su desaparición,  a punto tal que personas no oriundas de la ciudad y  que sólo están poco tiempo por cuestiones de trabajo, lo conocían por su popularidad  y decidieron  sumarse a la cruzada.
Se enviaron fotos a medios nacionales de televisión, canal 9 se acercó a la plaza principal donde los vecinos realizaron una pueblada  con carteles para reclamar por el paradero del vasco, Juan Martín “Látigo” Coggi  tres veces campeón mundial de boxeo y vecino de Brandsen prestó declaraciones al medio donde contó la historia de este personaje y ante la pregunta del cronista que estaba atónito porque una persona con dificultades mentales estaba sólo en las calles el campeón le responde: “ nosotros los cuidamos en la calle” haciendo referencia a la forma en que la gente le brindaba cariño al Vasco.
Por su parte Sebastián “Chino” Saja, actual arquero de Racing, se sumó a la búsqueda proponiendo salir a la cancha con un cartel con la foto del Vasco. Desde el gobierno municipal también se puso a disposición un teléfono de contacto para quienes podían aportar datos.
Las grandes tormentas que pasaron durante los días de la desaparición, generaron un clima de resignación en el pueblo, nadie creía posible que el Vasco con sus 62 años de edad  sobreviviera a la intemperie.
Después de seis días, el 10 de febrero, una foto enviada por los medios locales a canal 9, fue la que llevó a un televidente a reconocer al Vasco en las calles porteñas del  barrio de Núñez, en cercanías del Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, sede del Club Atlético River Plate.  Cerca de las 10:00 de la mañana dió aviso a un Policía que actuó inmediatamente y llevaron a Luis a la Comisaría 51 del barrio de Belgrano,  y desde la dependencia dieron aviso a la departamental de Brandsen e inmediatamente salieron en su búsqueda. En medio del shock,  el Vasco no le pudo decir en un primer momento de donde era a los policías ya que no hablaba con fluidez y no se le entendía lo que decía pero milagrosamente nombró a Brandsen y ahí lo llevaron a la cocina de la comisaría y lo dejaron en una silla intentando sacarle algunas palabras más.
De acuerdo a las versiones El Vasco subió en Jeppener a un micro y al quedarse dormido no bajó en Brandsen. Una vez que se despertó,  según las declaraciones de testigos afirman que bajó en la rotonda de Burzaco y se habría ido caminando para la zona de Quilmes. El gran interrogante que se desprende de estos testimonios es ¿cómo llegó desde Quilmes o en su defecto desde Burzaco, hasta Núñez? Todas las hipótesis marcan que lo hizo caminando días y noches, su cara de cansancio y la suciedad de su camisa daba cuenta de la travesía.

El reencuentro estuvo cargado de emotividad. Lo fueron a buscar a la Comisaría 51  autoridades municipales,  medios locales que filmaron todo el trayecto, una de sus hermanas y los amigos de toda la vida.  El Vasco se encontraba bien de salud aunque sus zapatillas estaban destrozadas por la larga caminata y su amigo David “Huevo” Mulder decidió comprarle un nuevo par  en Avenida del Libertador y así emocionado el Vasco se colocó el nuevo calzado,  se peinó con sus manos para las cámaras y salió trotando hacia la camioneta que lo traía de regreso a su pueblo.
La vuelta a su pago se realizó a las 19:00 con algunas paradas en el camino, hasta que al llegar a las cercanías de Brandsen se le sumó una caravana de autos que acompaño al Vasco en su llegada. Aplausos, anécdotas, bocinazos, micrófonos, cámaras de televisión, fotos,  serpentinas, papel picado y espuma, así a puro carnaval recibieron al protagonista de la jornada.

Los vecinos que emprendieron la búsqueda aguardaron su llegada frente a la Municipalidad, donde trataron de que el Vasco cuente algo de lo que había vivido durante esos días, pero no dijo nada.  Minutos después fue examinado por la entonces Directora del Hospital, Dra. Claudia Piñero cuyo parte médico confirmaba el buen estado de salud  pese a lesiones en sus pies por el esfuerzo que implica recorrer tantos kilómetros  y  un principio de cataratas que dificultaba la visión de uno de sus ojos.

El Vasco más allá de su trágico final tuvo una relación maravillosa con el pueblo y el reencuentro, luego de esa travesía que vivió,  fue la última demostración de afecto que pudo entregarle la ciudad en vida a su hijo que se convertiría en leyenda.

Luego de su muerte el Vasco siguió siendo homenajeado, la feria de remates y haciendas le puso el nombre Luis “Vasco” Molina al predio ferial,  la platea del Autódromo Ciudad de Brandsen también lleva su nombre, artistas locales como Oscar de Franco y Daniel Irigoite escribieron canciones con su historia, también los Hermanos Farisano y la heladería Donna, una marca típica de helado brandseño, creó un postre llamado “Pera Molina” hecho con  peras al vino tinto, además su familiares y amigos colocaron una cruz con su gorra colgando de ésta en el lugar del accidente. 
Actualmente, se están juntando llaves en la librería San Martín, para realizarle una estatua de bronce a este personaje en la plaza central, lugar donde siempre solía frecuentar para persignarse frente a la Iglesia Santa Rita de Casia y alguna que otra vez indicaba con sus manos que era el inicio de la misa, esta  propuesta fue impulsada por  su ya mencionada amiga Josefina Berteri.
Dicen que existe un  lugar en el cielo para cada alma y seguramente exista uno especial para el Vasco, donde estará descansando a su vez recordará eternamente a su pueblo con sus locuras y seguirá rematando ilusiones.


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