Por: Perla Antonela
Fernández Legajo: 24952/6
Las calles de Brandsen, ya no son lo mismo desde aquel triste 15 de abril de 2012 cuando en un trágico accidente, el dueño de los espacios públicos y testigo de las esquinas Luis “Vasco Chicho” Molina, dejó para siempre el pueblo que lo vio nacer.
Un vehículo Ford Mondeo que se dirigía en dirección San Miguel del Monte- Brandsen, fue quien atropelló al Vasco poniéndole un punto final a su vida.
Testigos
afirman que el vasco cruzaba la ruta 215, después de la curva y a metros
del puente Samborombón chico cuando fue embestido por el automóvil y cayó al
pasto a metros del camino.
Héctor
un vecino de la zona del accidente, dos años después aún recuerda ese momento:
“estaba en casa, escuché una explosión muy fuerte como si fuera el choque de
dos vehículos y enseguida llamé a la ambulancia para que viniesen. Cuando
llegué al lugar, el Vasco estaba tirado y ya no daba señales de vida. La
explosión fue impresionante, no parecía que fuera de un auto contra una
persona”.
Cuando la ambulancia del Hospital
Municipal, Bomberos Voluntarios y la policía local llegaron al lugar,
Luis había fallecido.
La
causa quedó catalogada bajo la carátula de homicidio culposo y los ocupantes
del auto, David Arizmendi de 29 años de edad, su pareja, otra pareja amiga y un
menor resultaron ilesos.
El
16 de abril Brandsen se vistió de luto, una multitud de personas se acercaron a
la sala velatoria “Sepelios Pourtau” para darle el último adiós a este
particular vecino entre lágrimas, anécdotas y aplausos que marcaron
el final de la vida del Vasco pero también abrieron camino a que la historia
del querido personaje permanezca viva en el corazón del pueblo.
Molina, tenía capacidades especiales y un escaso sentido de la orientación, pero su
humildad y honradez era lo que despertaba el cariño en todos los brandseños. La
vida del Vasco estaba en las calles, era parte del paisaje del centro de la ciudad,
todos los vecinos aún recuerdan verlo caminar a un paso rápido por el centro
con su pelo corto, grandes orejas, arrugas en su rostro y sus vestimentas
variaban según donde fuera, si solo era uno de sus paseos diarios se conformaba
de gastada ropa deportiva, viejos
zapatos de vestir y su boina vasca, en
cambio para asistir a eventos públicos el atuendo era distinto, camisa, jean o
pantalón de grafa, zapatillas deportivas y un pullover sobre los hombros. Toda
su ropa era donada por gente del pueblo que siempre estaba dispuesta a
brindarle ayuda.
Su
familia estaba conformada por sus dos hermanas, Hilda Mabel y Juana con las
cuales no tenía trato asiduo y su hermano Horacio que también acostumbra a
deambular en las calles del pueblo aunque nunca se los vio pasear juntos. Cada
uno tenía su zona para circular.
Él
prefería el centro, la plaza, iglesia, municipalidad y su hermano la terminal
de ómnibus donde se queda a dormir y toma algún café con el boletero de la
empresa “El Rápido Argentino” además de conversar, a pesar de la dificultad en
el habla y compartir algún sándwich o
gaseosa con los choferes de los micros.
El Vasco
en sus paseos, era saludado por quien se lo cruzara y él respondía gritando
“Vasco, vasco” o cantando números ya que estaba acostumbrado a asistir a los
remates feria y a quien le preguntaba: “¿Qué estás haciendo Vasco?” él
respondía “vendiendo vacas”.
Al llegar
la hora del almuerzo iba a comer adonde
lo invitaran, a veces concurría al club de los abuelos o a la casa de su amiga
y vecina del pueblo Josefina Berteri, quien recuerda que el Vasco siempre que
iba a comer a su casa llevaba bajo su brazo la bolsita con el pan, porque
siempre le gustaba llevar algo para compartir en la mesa y que no solo el dueño
de casa pagara la comida.
Muchas
veces al pasar por las parrillas, los dueños de los locales lo llamaban “Vasco,
Vasco”, y el tímidamente se acercaba para recibir algún choripan que le
regalaban, y a modo de agradecimiento se quedaba en el lugar ocupando un lugar
en alguna de las mesas disponibles hasta que terminaba de comer. Igualmente,
más allá de que tenía qué comer, era muy común ver al Vasco agachado
revolviendo en la basura del Full Bar buscando alguna hamburguesa, que para él resultaba gratificante el hecho de
encontrarla y luego la saborearla con orgullo sentado cercano a la basura
revuelta.
El
alcohol y los cigarrillos eran parte de
la vida del Vasco, siempre esperaba a que alguien tirara una colilla para ir
inmediatamente a buscarla y fumar ese resto o sino directamente si era conocida
la persona que fumaba se acercaba, le tocaba el hombro y le hacía seña para que
le convidara con un cigarrillo y le prestara un encendedor, luego de esto se
alejaba siguiendo su rumbo.
El
bar del club el Indio, era el lugar por excelencia donde concurría por las
tardes, los jugadores de truco lo llamaban a los gritos: “Vasco, Vasco”, y él
se sentaba en la mesa junto a la ventana que parecía ser su favorita porque le
permitía poder apreciar el paisaje de quienes iban y venían por la calle. El mozo se acercaba y le alcanzaba el vaso de
vino tinto que siempre solía degustar. El alcohol lo ponía melancólico por eso
muchas personas recuerdan haberlo visto llorando en estado de ebriedad.
Su
casa era muy precaria y vieja ya que pertenecía a sus padres, se encontraba en
el barrio “Las Mandarinas”, el techo se llovía y el gobierno municipal decidió
arreglarle las goteras, igualmente el sólo iba a dormir allí porque pasaba todo
el día caminando por las calles de la ciudad.
Supo
trabajar en changas, por la tarde barría la vereda de la librería san Martín,
ubicada en calle mitre para conseguir como remuneración un peso, otras veces
bajaba bolsas de maíz de los camiones en la forrajería “El encuentro” sobre la avenida
Uruguay y calle Alberti.
Además
se iba a la localidad vecina de Udaondo
para trabajar como peón de campo y acompañar a los organizadores de los remates
feria de la casa “Pedro Noel Irey” con quienes compartió vacaciones y hasta fue
al hotel Sheraton.
Uno
de los tantos aspectos para resaltar del Vasco es que jamás delinquió siempre
buscó la manera de ganarse el dinero dignamente.
Los
pueblos más cercanos a Brandsen no eran limites para el Vasco, siempre asistía
a todos los actos que organizaba allí la municipalidad, los vecinos y
organizadores cuentan que era el primero
en llegar cuando ni siquiera se habían armado los escenarios, nadie se
explicaba cómo se enteraba de que se iban a realizar los eventos, porque era
analfabeto.
Él
siempre daba su opinión respecto a lo que sucedía en el evento y sobre todo si
había poco público enseguida se escuchaba al Vasco gritar “Poca Gente”,
mientras caminaba siempre con sus brazos
atrás junto a las autoridades.
Sus
frases: “No hay cabeza”, “A veces
pienso” y “Poca gente” son parte de la cultura de los brandseños y del imaginario colectivo del pueblo, a punto
tal que es común escuchar a cualquier vecino mencionar: “Como decía el Vasco
Molina…”
Las
distancias siempre las recorría a pie, tanto para trabajar como en sus paseos,
ese ser aventurero fue el que lo llevó el sábado 3 de febrero de 2012 a un baile popular que se realizaba en la
ciudad de Jeppener, a la salida del mismo decidió tomar un micro con la fija
idea de llegar nuevamente a Brandsen pero se durmió en el viaje y el destino
fue otro.
El
domingo 4 de febrero, la gente notó que faltaba el Vasco y al enterarse que
tomó el micro después de la fiesta, todos imaginaron que se había perdido y así
se inició la búsqueda, la comisaría local se comunicó al instante con todas las
dependencias de la región a fin de facilitarles datos y fotos, además de alertar a todas las seccionales de la
provincia y las fuerzas policiales del interior del país.
Las
primeras pistas del paradero se trataban de que podía estar deambulando en la
zona sur del conurbano bonaerense cerca de la
localidad de Burzaco pero la alerta fue falsa.
La
búsqueda fue emprendida por todos los vecinos, desde las redes sociales se
compartía la foto ya que al ser un vecino tan querido por todos causó conmoción
el hecho de su desaparición, a punto tal
que personas no oriundas de la ciudad y
que sólo están poco tiempo por cuestiones de trabajo, lo conocían por su
popularidad y decidieron sumarse a la cruzada.
Se
enviaron fotos a medios nacionales de televisión, canal 9 se acercó a la plaza
principal donde los vecinos realizaron una pueblada con carteles para reclamar por el paradero
del vasco, Juan Martín “Látigo” Coggi
tres veces campeón mundial de boxeo y vecino de Brandsen prestó
declaraciones al medio donde contó la historia de este personaje y ante la
pregunta del cronista que estaba atónito porque una persona con dificultades
mentales estaba sólo en las calles el campeón le responde: “ nosotros los
cuidamos en la calle” haciendo referencia a la forma en que la gente le
brindaba cariño al Vasco.
Por
su parte Sebastián “Chino” Saja, actual arquero de Racing, se sumó a la
búsqueda proponiendo salir a la cancha con un cartel con la foto del Vasco.
Desde el gobierno municipal también se puso a disposición un teléfono de
contacto para quienes podían aportar datos.
Las
grandes tormentas que pasaron durante los días de la desaparición, generaron un
clima de resignación en el pueblo, nadie creía posible que el Vasco con sus 62
años de edad sobreviviera a la
intemperie.
Después
de seis días, el 10 de febrero, una foto enviada por los medios locales a canal
9, fue la que llevó a un televidente a reconocer al Vasco en las calles
porteñas del barrio de Núñez, en
cercanías del Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, sede del Club
Atlético River Plate. Cerca de las 10:00
de la mañana dió aviso a un Policía que actuó inmediatamente y llevaron a Luis
a la Comisaría 51 del barrio de Belgrano,
y desde la dependencia dieron aviso a la departamental de Brandsen e inmediatamente
salieron en su búsqueda. En medio del shock,
el Vasco no le pudo decir en un primer momento de donde era a los
policías ya que no hablaba con fluidez y no se le entendía lo que decía pero
milagrosamente nombró a Brandsen y ahí lo llevaron a la cocina de la comisaría
y lo dejaron en una silla intentando sacarle algunas palabras más.
De acuerdo a las versiones El Vasco subió en Jeppener a un micro y al quedarse
dormido no bajó en Brandsen. Una vez que se despertó, según las declaraciones de testigos afirman
que bajó en la rotonda de Burzaco y se habría ido caminando para la zona de
Quilmes. El gran interrogante que se desprende de estos testimonios es ¿cómo
llegó desde Quilmes o en su defecto desde Burzaco, hasta Núñez? Todas las hipótesis
marcan que lo hizo caminando días y noches, su cara de cansancio y la suciedad
de su camisa daba cuenta de la travesía.
El reencuentro estuvo cargado de emotividad.
Lo fueron a buscar a la Comisaría 51
autoridades municipales, medios
locales que filmaron todo el trayecto, una de sus hermanas y los amigos de toda
la vida. El Vasco se encontraba bien de
salud aunque sus zapatillas estaban destrozadas por la larga caminata y su
amigo David “Huevo” Mulder decidió comprarle un nuevo par en Avenida del Libertador y así emocionado el
Vasco se colocó el nuevo calzado, se
peinó con sus manos para las cámaras y salió trotando hacia la camioneta que lo
traía de regreso a su pueblo.
La vuelta a su pago se realizó a las 19:00
con algunas paradas en el camino, hasta que al llegar a las cercanías de
Brandsen se le sumó una caravana de autos que acompaño al Vasco en su llegada.
Aplausos, anécdotas, bocinazos, micrófonos, cámaras de televisión, fotos, serpentinas, papel picado y espuma, así a puro
carnaval recibieron al protagonista de la jornada.
Los vecinos que emprendieron la búsqueda
aguardaron su llegada frente a la Municipalidad, donde trataron de que el Vasco
cuente algo de lo que había vivido durante esos días, pero no dijo nada. Minutos después fue examinado por la entonces Directora
del Hospital, Dra. Claudia Piñero cuyo parte médico confirmaba el buen estado
de salud pese a lesiones en sus pies por
el esfuerzo que implica recorrer tantos kilómetros y un
principio de cataratas que dificultaba la visión de uno de sus ojos.
El
Vasco más allá de su trágico final tuvo una relación maravillosa con el pueblo
y el reencuentro, luego de esa travesía que vivió, fue la última demostración de afecto que pudo
entregarle la ciudad en vida a su hijo que se convertiría en leyenda.
Luego de su muerte el Vasco siguió siendo
homenajeado, la feria de remates y haciendas le puso el nombre Luis “Vasco”
Molina al predio ferial, la platea del
Autódromo Ciudad de Brandsen también lleva su nombre, artistas locales como
Oscar de Franco y Daniel Irigoite escribieron canciones con su historia,
también los Hermanos Farisano y la heladería Donna, una marca típica de helado
brandseño, creó un postre llamado “Pera Molina” hecho con peras al vino tinto, además su familiares y
amigos colocaron una cruz con su gorra colgando de ésta en el lugar del
accidente.
Actualmente, se están juntando llaves en la
librería San Martín, para realizarle una estatua de bronce a este personaje en
la plaza central, lugar donde siempre solía frecuentar para persignarse frente
a la Iglesia Santa Rita de Casia y alguna que otra vez indicaba con sus manos
que era el inicio de la misa, esta
propuesta fue impulsada por su ya
mencionada amiga Josefina Berteri.
Dicen
que existe un lugar en el cielo para
cada alma y seguramente exista uno especial para el Vasco, donde estará
descansando a su vez recordará eternamente a su pueblo con sus locuras y
seguirá rematando ilusiones.


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