| Stand de Bielorrusia en la Fiesta del Inmigrante en Berisso |
Ana Otania Paulovich es hija de inmigrantes y hace décadas que vive en Berisso. Nacidos en Bielorrusia -o Belarús, como su familia lo sigue llamando- llegaron a Argentina de a poco; su padre primero, en 1927, y al poco tiempo volvió para buscar a la que poco después se convertiría en su esposa en nuestro país.
Un retrato típico de la época, donde la emigración para poder trabajar no era concebida sin la idea de una familia.
Ana habla con ojos orgullosos de su familia, recordando cómo su padre llegó solo a Argentina en 1927. El mismo barco que lo trajo poco después lo devolvió a Belarús, en busca de su familia y afectos. Había venido para "reconocer el terreno": ¿había trabajo? ¿Podríamos vivir aquí? ¿Realmente valía la pena dejar todo atrás?
Sus respuestas fueron pronto respondidas y trajo consigo a la mujer con la que se casaría en suelo argentino, la madre de Ana. "El trayecto fue una auténtica odisea", nos comenta. Comenzaron a trabajar en el frigorífico y tuvieron dos hijos más, aquellos que hoy, junto a Ana, hablan con ojos brillosos de sus padres, hinchados de orgullo.
¿Cómo se adaptaron a Berisso? ¿Había otros bielorrusos en esa época?
En general los inmigrantes que llegaban a Berisso se adaptaban automáticamente, porque prácticamente estaban esperándolos. Los esperaba el frigorífico y el trabajo, así que enseguida ingresaban. Vivían en la (calle) Nueva York y en algún que otro conventillo, porque todo era compartido. Ahí empezaron y después compraron sus terrenos, hicieron su vivienda... todo muy familiar. Y el único trabajo que tuvo mi padre fue el del frigorífico, se jubiló de eso.
¿Cómo se adaptaron a la cultura? ¿Adoptaron alguna costumbre argentina a la suya?
Aprendieron el idioma de a poco pero lo agarraron bastante rápido, e iban usando los dos idiomas en su vida cotidiana. Además se adaptaron al resto de las culturas inmigrantes de Berisso, porque entre los polacos, los bielorrusos, los italianos y las otras comunidades se hacen amigos, van adaptándose los unos a los otros, y más en esa época.
Ana cuenta que a lo que más les costó acostumbrarse es al idioma. La comida, en cambio, fue algo que jamás cambió: sus padres eran tradicionales, se defendían en la cocina. Si bien tomaron ciertas comidas de nuestro país, criaban pollos y gallinas, tenían una pequeña huerta y con eso hacían sus platos, típicos de Belarús. "Eso ya se perdió", recalca Ana, "nadie lo sigue haciendo"
Ana cuenta que a lo que más les costó acostumbrarse es al idioma. La comida, en cambio, fue algo que jamás cambió: sus padres eran tradicionales, se defendían en la cocina. Si bien tomaron ciertas comidas de nuestro país, criaban pollos y gallinas, tenían una pequeña huerta y con eso hacían sus platos, típicos de Belarús. "Eso ya se perdió", recalca Ana, "nadie lo sigue haciendo"
Sí, definitivamente. Nosotros lo manteníamos, e incluso yo hablo, no perfecto porque uno se va olvidando bastante, pero me defiendo (ríe). Dentro de casa se hablaba bielorruso, el español se usaba afuera.
¿Tu familia hoy en día sigue teniendo algunas costumbres bielorrusas?
Y... acá la tradición del baile se va dando cada vez más gracias a estos festivales. Lo bueno es que no sólo incorpora gente de las colectividades o descendientes de bielorrusos; nosotros somos 70 o un poco más, y siguen viniendo chicos del barrio que no tienen nada que ver, porque les gusta y se acercan. Hay italianos, hay árabes, hay hijos de argentinos... eso es lo importante.
¿Tus padres volvieron alguna vez a Bielorrusia o se quedaron directamente acá?
No, nunca volvieron. Directamente se asentaron acá. Pero siempre se hablaba mucho, porque en esa época también se escribían cartas; mi mamá se escribía con el papá, pero con la guerra y todo lo que pasó eso se perdió. Ellos jamás volvieron aunque hubo algunos que sí lo hicieron... ¡incluso ahora vuelven! Muchas colectividades vuelven a sus países o a visitar a su familia que sigue allá. Quizás algún día yo también vaya para sus tierras.
Ana compara la generación de inmigrantes de sus padres con la de ahora diciendo que "está todo adaptado y avanzado; es otro nivel, otra cosa. Ya no es lo de antes, que apenas te esperaba el frigorífico, el trabajo". Berisso creció, nos dice, y es muy distinto de ese entonces; esta es la principal razón de por qué siguen manteniendo las raíces, la cultura, los festivales como el del día del inmigrante. Estas fiestas, dice Ana, "siguen siendo muy tradicional y lo es cada vez más; cada vez más emotiva. Poco a poco se mete gente que no son inmigrantes o hijos de, y esto se hace cada vez más grande".
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