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| La bandera de los pueblos originarios flameando |
Carmen,
de nacionalidad boliviana decidió dejar su tierra natal Potosí, tras
situaciones difíciles que tuvo que atravesar, para salir adelante en un país
que le presentaba una salida a sus problemas.
A
sus 41 años, recuerda como era su vida en Potosí, esa vieja ciudad donde se encuentran las huellas de las que
desciende la cultura boliviana, las ruinas que marcan la descendencia de los
pueblos originarios en esas tierras.
Su
vestimenta muy colorida, sombrero de pana y esos rasgos de tez trigueña, ojos
achinados y una sonrisa radiante reflejan su tímida personalidad compuesta por
esa mirada simple que demuestra un signo de humildad. La forma de caminar con
sus pasos lentos, es una característica que define esa calidez y peculiaridad que marca el
sello de originalidad y pertenencia a sus raíces.
-¿Cómo era el barrio donde usted vivía?
-El
barrio era muy pobre, estaba alejado de todo por ahicito no había luz ni agua
criábamos llamas y como éramos muchos hermanos nos ayudábamos un poquito
todos para conseguir el plato de comida.
Su
vida cambió cuando a los 23 años, tuvo a su primera hija, consideraba que era
muy joven para ser madre y un año después muere su pareja. Un impulso de una
madre desesperada llevo a Carmen, a emigrar hacia nuestro país en búsqueda de un
trabajo que le permitiera subsistir junto a su pequeña hija.
-¿Cuál fue su primer trabajo en el país?
Mi
primer trabajo fue en Ensenada, era un taller textil y el sueldo era muy poco
para mantenerme con mi hija, yo no sé escribir ni leer lo único que tengo es
una estampa de rueda de caracol que me regalo un chamán del pueblo cuando yo
tenía 18 años y eso me ayuda para aprender a hacer negocios.
Fue
la fe y la mística la que ayudo a Carmen, esas creencias paganas que enriquecen
y conforman una parte fundamental de la cultura heredada de sus ancestros. Con este primer empleo, no logró cubrir los
gastos que tenía junto a su pequeña hija, por lo que decidió irse a Berisso por un comentario que le llegó de
que allí había trabajo.
-¿Ahora donde trabaja?
-
Vendo ropa ahorita en las calles de acá de Berisso, ya hace varios años voy a
la feria de La Salada, los jueves salimos a las doce de la noche y llegamos a
las siete de la mañana, un amigo me lleva en la camioneta, dejo a mis siete
hijos durmiendo para ir a comprar la mercadería ya que a esa horita se
consiguen los mejores precios. La gente me encarga que le traiga algunas cosas
porque tengo algunos clientes fijos que siempre me buscan para comprarme y voy
a sus casas.
Los
viajes para conseguir la ropa, no son sencillos la zona de la feria no es
segura y en el último viaje fue asaltada, no le llevaron dinero pero si su
cartera que tenía su documentación y un
celular que le había costado mucho poder comprarlo. Aunque lo más lamentable es
que los delincuentes, la golpearon por la espalda, la arrojaron al piso y como
si fuera poco le pisaron su mano izquierda la cual le quedo muy hinchada.
-¿Cómo logra mantener su familia?
-
Después de que nació mi primer hija, cuando vine para aquí a Berisso conocí a
mi segunda pareja y tuve cuatro hijitos con él aunque diosito me lo llevo
pronto hace cinco años el falleció pero me ayudaba mucho mientras estaba él era
albañil. Ahorita hace cuatro años que estoy con mi marido Marcelo que lo conocí
acá el también es de Bolivia y vino acá para trabajar en una verdulería, pero
no estuvo mucho tiempo ahí y esta sin trabajo ahora, tengo dos hijos con él y
solita mantengo a todos.
Carmen,
con su experiencia de vida, aconseja a sus hijos sobre todo a su hija mayor a
la que siempre le dice “cuidate hijita, que no te pase lo mismo que a mí”
haciendo referencia a que ella fue madre a una edad a la que consideraba muy joven y eso complico
mucho su vida, obligándola a tomar el rumbo hacia nuevos horizontes.
-¿Qué me puede contar acerca de sus
hijos?
-
Ellos son mi vida, lo único que les pido es que estudien porque yo sé lo que es
no saber nada, los más chicos van a la primaria y al jardín, la más grande estudia
enfermería y la carrera se me hace muy cara por eso ella vende algunos perfumes
y cosas por revista (venta por catálogo) y otro de mis hijos está preparándose
para maestro mayor de obra.
La
vida de Carmen es difícil, como ella muchos son los inmigrantes de países
limítrofes que llegan a distintos lugares del país buscando salir adelante,
conseguir ese trabajo que mejora su condición económica y a su vez luchar a
diario para poder sobrevivir en una sociedad muy diferente a la de sus países
donde la vida es mucho más tranquila y basada en una concepción distinta del
tiempo donde lo místico es lo que prevalece y arma ese horizonte tan rico en
una cultura que aun mantiene como bandera los valores de los pueblos
originarios.

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